Sabia Virginia Woolf que te fuiste de este mundo con la dósis de drama exacta para inmortalizarte: cada día te entiendo más.
Es de adultos entenderte mejor, Virginia. Hace 5 años trataba, pero sólo lo logré literalmente.
Hoy, soldadura, una cerradura y una llave –en vez de encerrarme– abrieron finalmente las puertas de mi privacidad.
La que es mi casa por derecho, ahora también se convierte un refugio más que una prisión.
¿Quién querría suicidarse en un oasis así? Yo no.
Y pensar que sólo querías escribir, Virginia. O, al menos, eso decías.
Ahora te entiendo y estoy salvada.