Sunday Girl
Porque no hay Gwen sin Debbie, ni ombré sin Debbie, ni disco rock sin Debbie.
Porque antes de mi adolescencia ya atesoraba una agenda holandesa de Blondie 1979 que mi mami compró cuando vivía en Amsterdam con mi papá. Corría el ‘78, el viejo hacía un master y mi mamá deambulaba la ciudad con sus amigas. Tenía 21 años.
Ya me esperaban, y me contó que le daban unos antojos increíbles de queso holandés con pepinos encurtidos y arenques.
Porque el labial rojo jamás estuvo tan justificado como el que Debbie usó para disimular sus dientes amarillentos: quizás por los cigarrillos. O quizás, por pura genética.
Cualquier preadolescente inspirada en Debbie Harry tiene coolness asegurado si su musa lleva denim cutoffs en interminables fotos: rockerísima.
Gracias, mami.